EL DESPERTAR DE LA ESPERANZA
CON EL OBISPO DEL PUEBLO
Lic. Oscar Rubén Cáceres Jimenez
Hoy, en Paraguay, es inevitable hablar de Monseñor Fernando Lugo. El Obispo Emérito de San Pedro había renunciado a su estado clerical para servir a la comunidad desde el mundo de la política. El Vaticano no aceptó su renuncia. Le suspendió. Nada de lo que sea eclesial puede realizar desde entonces. El se ratificó en su renuncia y ahora recorre todos los rincones del País para encontrarse con los rostros, diversos y múltiples de la gente, llegando hasta rincones y hogares más humildes.
La Iglesia Católica, que incluye a los Obispos del Paraguay, no está de acuerdo con la renuncia de Lugo y le recordó en más de una ocasión que él sigue siendo Obispo, aunque suspendido “a Divinis”. El no puede realizar actos propios de la Institución de la Iglesia Católica, aunque siga siendo Obispo y católico.
Los partidos de la oposición han formalizado la Concertación Nacional para enfrentar electoralmente, en el 2008, al Partido Colorado. Lugo ha acordado con los planteamientos de este espacio, pero con algunas reservas. “Quiero que la concertación se haga en las bases, entre la gente y no sólo a nivel de cúpula” manifiesta reiteradamente el Obispo”.
Los dirigentes del Partido Colorado expresan que Lugo es un peligro para el País, que puede producir violencias. Están preparando el camino para impugnar su candidatura y también el terreno para impedirle el acceso al poder de la República, en caso de ser ganador en las elecciones.
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Una de las tantas discusiones es la “habilitación para la candidatura presidencial”. Los Obispos dicen: queda para los estrados judiciales del Paraguay.
Los integrantes del Equipo Jurídico del Obispo integrado por Alberto Varesini Closa, Dionisio Gauto, Luís Lezcano Claude, Fernando Robles y Rafael Filizzola manifiestan que con la “suspensión a divinis”, “la Santa Sede permite al Ciudadano Fernando Lugo ejercer libremente sus derechos políticos como paraguayo, ya que impide el ejercicio de su potestad de orden y por ende puede ejercer su ministerio sacerdotal, vale decir, ha dejado de ser ministro del culto católico”.
El Presidente de la República y otros dirigentes colorados afirman que Lugo está inhabilitado e impugnarán de seguro su candidatura.
Esta parte jurídica será clarificada en instancias judiciales que ojala trate con imparcialidad y con criterios jurídico y no políticos. Ahora hay una amplia campaña de desinformación haciendo una interpretación política a un tema exclusivamente jurídico. Hay fraude a la vista.
¿Lugo, un fenómeno social?
Recogemos algunas formas cómo los ciudadanos, ciudadanas, algunos periodistas y otros referentes estudiosos del comportamiento social definen la entrada de Fernando Lugo en el campo de la política.
Unos llaman “un fenómeno socio-político”. La periodista del Periódico de Nueva York, Viky Peláez, en un artículo publicado recientemente expresa “el obispo de los pobres sigue firme en su lucha y dice: “cambiar el modelo económico para revertir los graves desequilibrios que sufre el país donde la mayoría se debate en la miseria más escandalosa que como cristiano no puedo aceptar”.
Desde el partido oficialista y algunos cristianos-católicos lo declaran “lucifer” en persona. La Agencia Católica ACI lo califica como “el Obispo Rebelde”, mientras que un importante sector ciudadano expresa que “abre una etapa con nuevas esperanzas para el Paraguay”.
Lo que no se puede negar es que la entrada, incluso antes, de Fernando Lugo en la comunidad política trae consigo un gran movimiento en la sociedad. Otros dirían una sacudida social y política.
Hay tormentas en el oficialismo.
Esta sacudida se observa en varios frentes. En primer lugar, en el partido oficialista ha generado una estrategia de cierre de filas; una especie de cerrar el partido a rupturas, por lo menos a nivel dirigencial. Más de uno de los dirigentes, además de las acostumbradas críticas a Lugo, han advertido que el Partido Colorado puede caer el próximo año en las elecciones generales. Los colorados se han convertido en los mejores propagandistas de Lugo. En todas las alocuciones, actos públicos, entregas de títulos, conferencias de prensas, visitas a agricultores, partidos de tenis, por mas alejado que sea, Lugo es el centro de conversación.
Los pies de barro de la oposición también se mueven.
En los partidos políticos de la oposición también se viven situaciones nunca antes vistas. Están concensuando un “proyecto país”. Se comprometieron presentar una candidatura única en el 2008.
Este movimiento en la oposición no surge por iniciativa de los líderes políticos, sino por el liderazgo de Lugo y su conducta política.
Dice Lugo que “a través de la política debe servirse al pueblo y no servirse del pueblo a través de la política; los políticos y los partidos no deben constituirse en poderes de facto, o una organización para convertirse en una empresa que “chupa la sangre” al Estado”. La representación del pueblo debe hacerse realidad sirviendo al pueblo y en caso de no cumplirse con los verdaderos fines de la política se tiene que revocar el mandato al mandante. O sea que se le retire del cargo.
El mensaje permanente es que los políticos y dirigentes sociales “se dejen del sectarismo” y que “piensen en el país”. Por aquí están las grandes debilidades de muchos políticos y de la misma ciudadanía.
Unidos para representar los intereses de los trabajadores.
También ha generado un proceso de cambio en el campo gremial, sindical. El 1 de Mayo del 2006, las centrales obreras firmaron un compromiso en el que harán esfuerzos para accionar conjuntamente y que les permita defender los intereses de los trabajadores y los campesinos.
A partir de entonces se crearon decenas de movimientos sociales y también partidos políticos integrados por campesinos, obreros, indígenas, sin techos, etc. Hay una efervescencia organizativa en la sociedad paraguaya. Uno de los espacios conformados a partir de estos esfuerzos es el Bloque Social y Popular.
“Nuestra Iglesia estaba siendo controlada por el oficialismo”
En la Iglesia Católica podríamos decir que nos encontramos con, por lo menos, tres campos donde existen importantes movilizaciones.
Un primer nivel son las iglesias locales: parroquias, centros pastorales, capillas, etc. Estos ámbitos son espacios de diálogo sobre el tema, muchos opinando a favor, otros en contra. Algo significativo en este campo de observación. En algunas capillas y hasta parroquias se complican las cosas para llevar adelante asambleas o reuniones porque este tema político “produce fricciones” grupales. Aunque no es generalizado, pero es un fenómeno que no hay que guardar.
Vamos agregando condimentos a nuestra ensalada. La emergencia de conflictos a partir de la aparición en política de un Obispo tensionan las relaciones a raíz de la baja calidad de relaciones y la falta de una cultura democrática en muchos grupos y personas cristianas.
El otro aspecto, en este mismo ámbito se evidencian que el presidente un otros miembros de la comisión tal forman parte del oficialismo. Al aparecer un Obispo en la política, otros miembros de la misma organización apoyan a Lugo, la concertación o al Movimiento Tekojoja. Surge la partidización de las comisiones, o sea, simplemente se evidencia ahora.
En este punto también es importante decir que “había sido que, en muchas partes, nuestra Iglesia estaba siendo controlada por el oficialismo a través de laicos que respondían directamente a las líneas del Partido Colorado”. Muchos referentes pastorales son integrantes de seccionales coloradas o de otros partidos; pero, en este caso, las que más afectadas están son aquellas que pertenecen al partido de gobierno y que no quieren renunciar a su partido a pesar del mal que produce en muchos aspectos a toda la sociedad. Esta nueva situación también nos ayuda a entender por qué el fracaso de muchas campañas de formación cívica impulsada por la misma Iglesia.
“Rezamos por él, pedimos a la comunidad cristiana que haga lo mismo”
Entre los Obispos también se desatan diálogos y constituyen motivos de conversación el tema de Monseñor Lugo. También constituye una parte importante de la agenda forma o informal. Hay posiciones encontradas también aquí en este estamento, y esto es normal.
En forma pública la CEP, Conferencia Episcopal Paraguaya, manifiesta que “la Iglesia no apoya ninguna candidatura”. Y también pide a los párrocos a que hagan lo mismo. Hay una posición institucional muy clara de no apoyar candidatura alguna, aunque existe una actitud de pesar por el retiro del hermano Obispo, pero dice “expresamos el fraterno afecto que nos une a Mons. Fernando Lugo. Así como rezamos por él, pedimos a la comunidad cristiana que haga lo mismo”, Comunicado del 2 de febrero, 2007).
La Conferencia Episcopal Paraguaya en su comunicado del 2 de febrero manifestó que “Las decisiones adoptadas por la Sede Apostólica con respecto a Mons. Fernando Lugo cuentan con nuestra adhesión y nuestro apoyo, desde el momento en que expresan la doctrina de la Iglesia Universal y el Derecho Canónico. Manifestamos nuestra fidelidad y comunión eclesial con el Santo Padre Benedicto XVI”.
Además de apoyar la decisión del Vaticano, los Obispos, con la prudencia que los caracteriza, siguen timoneando la Iglesia en el Paraguay, sin mayores dificultades, haciendo las recomendaciones que deben hacer, clarificando lo que tiene que clarificarse. Siguen analizando la realidad social y política del País y, en ningún momento se habla de posibilidad de cisma.
La Prefectura de la Congregación para los Obispos de la Santa Sede ha respondido las cartas de Monseñor Lugo. También emitió resoluciones. Llegar a resolver algo, emitir un comunicado, o dar a conocer unas reflexiones en tales instancias significa una reflexión del cuerpo de obispos de esta Prefectura, búsqueda de argumentaciones teológicas y legales, redacción de proyectos de resoluciones, consultas al Papa, búsqueda de antecedentes, etc. Conociendo la Iglesia por dentro y siendo la Prudencia una de las virtudes principales de las autoridades eclesiásticas, uno se imagina que al interior habrá un punto que también es el obligado de las reuniones y los encuentros.
Este acontecimiento no se presenta como cismático o un acto de apostasía a la fe, como pretenden dar a entender algunos. Todo indica que las cosas no van hacia este camino. Sí, nos presenta desafíos, diálogos y tensiones muy normales en una sociedad con baja calidad democrática.
En los medios de comunicación.
Fernando Lugo es mencionado cientos de veces en los medios de comunicación masivos diariamente. Hay periodistas con opiniones muy favorables y algunos que se muestran escépticos. El analista Alfredo Boccia dijo, en un primer momento que la presencia de Lugo animará el mundo de la política, que ya estaba siendo muy aburrida, últimamente.
Quizá lo más destacable sea el posicionamiento del Diario ABC color. Muestra una simpatía hacia el Obispo, sin embargo, ataca frontalmente al Movimiento Popular Tekojoja, la principal organización que sostiene la candidatura de Lugo.
Una de las principales críticas de este diario es que “Lo que más nos preocupa del programa de Tekojoja es que, no solamente parece querer persistir en los viejos errores socialistas que, después de intentar una y otra vez durante más de siete décadas, terminaron con la persecución implacable y el genocidio de más de 65 millones de seres humanos (solo en la Unión Soviética) y la miseria generalizada de una nación, también nos preocupa el hecho de que Tekojoja nunca hizo referencia alguna a LA LIBERTAD DE LOS 6 MILLONES DE PARAGUAYOS y los centenares de miles de extranjeros que viven y producen en Paraguay”. (ABC, 4, 03,07)
Aunque Fernando Lugo es favorable a una “economía mixta” y la aplicación universal de los derechos humanos, que incluye la libertad de expresión, ABC ataca a Tekojoja por su posición “socialista y humanista”, intentando incluir en el debate público la cercanía ideológica entre Tekojoja, Lugo con la política de Morales, en Bolivia; Chávez en Venezuela y Castro, en Cuba. No es diferente este argumento al que usaba el dictador Stroessner en tiempos de la guerra fría.
Al parecer, los editorialistas de ABC color están estigmatizados por la experiencia de la ex Unión Soviética y las izquierdas de los 60. Cuando se trata sólo de un estigma no es del todo preocupante, podría tener remedio con una buena terapia informativa e investigación, si el periódico quiere hacer. Ahora, si es intención del Diario llevar adelante una campaña propagandística con fines de reprimir este nuevo movimiento político, sí ya es preocupante.
La Radio Ñanduti y su Director Humberto Rubín, con mucha frecuencia expresa su temor porque “puede repetirse el cierre de medios como ocurre en la Venezuela de Chávez”, a pesar de las reiteradas explicaciones de los dirigentes de Tekojoja y el mismo Lugo. Esta cadena de radios es la más favorecida por el régimen de Duarte Frutos, el actual Presidente, mediante la publicidad de Itaipu.
La nueva esperanza.
Las expresiones de “Lugo es nuestra esperanza” o “despierta en mí una nueva esperanza”, “ahora tenemos una nueva esperanza porque estábamos tan desesperanzados”, son importantes analizarlas.
¿Qué quieren decir las personas con estas ideas expresadas? ¿Qué alcance tendrían las palabras y las frases?
Un modo simple de explicar sería que estas personas encuentran un motivo de confianza en este país en el que la desconfianza y el desprestigio constituyen los valores reinantes. Existe una especie de psicosis de desesperanza, una enfermedad social de fácil y rápida extensión, es una enfermedad transmisible y una epidemia social.
Entonces “despierta la esperanza” podría significar que hay un motivo para despertar de nuevo la motivación ciudadana y buscar mejores formas de convivencia.
Para el cristiano ¿qué significa tener esperanza? ¿Qué es la esperanza? ¿Es algo milagrero, hay que esperar de arriba, hay que construir, etc.?
La esperanza constituye una de las grandes virtudes que se funda en Dios mismo. El Catecismo de la Iglesia Católico dice que forma parte de un conjunto de las virtudes teologales. “Las virtudes teologales fundan, animan y caracterizan el obrar moral del cristiano. Informan y vivifican todas las virtudes morales. Son infundidas por Dios en el alma de los fieles para hacerlos capaces de obrar como hijos suyos y merecer la vida eterna. Son la garantía de la presencia y la acción del Espíritu Santo en las facultades del ser humano. Tres son las virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad (cf 1 Co 13, 13). 1813
¿Qué decimos cuando expresamos “tengo esperanza”, “es nuestra esperanza”? Siguiendo con el Catecismo de la Iglesia, encontramos que en su numeral 1818 expresa que “la virtud de la esperanza corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna. El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad”.
Una persona sin esperanza, entonces, es una persona triste, con falta de creatividad, que desperdicia sus dones, con capacidades reprimidas y que viven en la opresión de la pobreza, cualquiera sea la forma.
Si la práctica política durante estos últimos 60 años produjo tanta desesperanza, tanta tristeza, es pues bienvenida la acción y la presencia de quien despierta en el interior de la persona esa capacidad, esa potencia, la creatividad y que nos ayude a creer de nuevo, primero en las personas, en los vecinos, y luego, seguramente, en las instituciones.
Si Fernando Lugo logra movilizar la esperanza ya es un gran triunfo. Pero, tenemos que señalar esto: no esperemos que Lugo sea el único despertador de esperanzas en nuestras vidas. Fundemos nuestra esperanza en su misma base, el creer en Dios, y siendo coherente en acción y pensamiento, en la fe y la vida. Transformemos la fuerza de la esperanza en un ventarrón muy poderoso que destierre de nuestra sociedad la corrupción, la impunidad, las mentiras y la utilización como un instrumento cualquiera a la persona.
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